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Le retour
Hola a todos amigos, hola a la nada. Como cada meses que pasan, yo vuelvo aquà a subir mis cosas a pesar de esto no existe para nadie excepto para mÃ. Asà que aquà traigo una escena que nunca pude rolear con mi Victoire Weasley y Teddy. Y ayer, en un acto de locura, la cosa se me fue de las manos, y lo que iban a ser un par de folios, acabaron en ocho... Upsi. Nos leemos.
Don't be a stranger Effie
¡Hola hola! Bueno, llevo pensando este fan fic meses, en serio, pero soy tan vaga que luego nunca lo escribo, pero ayer por fin me decidà a hacerlo y aquà está. Si no has visto Sinsajo 2 tranquilo, esto es una escena de Sinsajo 1 y solo te comes las ganas de la otp más fuerte del mundo. Y mientras escribÃa este ya se me estaba ocurriendo otro, asà que quién sabe si en un par de dÃas estaré por aquà pronto. ¡Besitos de baya!
Tarareaba
una canción alegremente mientras mi pie se movÃa al ritmo en la máquina de
coser. HabÃa conseguido unas cuantas telas que podÃa confeccionar yo misma para
un modelito propio, eran del mismo color, pero lo que hiciera serÃa mejor que
el mono tan feo que llevo puesto ahora mismo.
CogÃ
una aguja para dejarla puesta sobre la tela para marcarla justo cuando la
puerta de mi compartimento se abrió y entro Haymitch hecho una furia.
−¡Vamos!
−¿Qué?−
Le miré anonadada sin saber que decÃa.
En
ese mismo momento una sirena horriblemente estrepitosa comenzó a sonar junto a
una voz que anunciaba que nos bombardearÃan en breves. Pegué un grito asustada
y Haymitch se acercó para tirar de mi mano. Agarré un trozo de tela que habÃa
cortado antes de la mesa y comencé a negar con la cabeza.
−¡No!
¡No! ¡No puedo irme de aquÃ! Estoy cosiendo ¿quién se hará cargo de mis telas?
−¡Me
dan igual tus telas! ¡Nos bombardea el Capitolio!
No
pude decir nada más porque tiró de mi brazo y comenzó a empujarme entre la
multitud para que siguiera el camino hacia las escaleras.
La
alarma me taladraba la cabeza, todo el mundo estaba gritando y corrÃa para
llegar a tiempo al bunker. Por suerte no habÃa niños porque si no se
escucharÃan sus llantos, y eso era mucho peor. Pero ya escuchaba el mÃo propio,
sin darme cuenta habÃa comenzado a llorar del susto y bajaba las escaleras por
inercia.
Las
manos de Haymitch me rodeaban los brazos y me guiaban en cierto modo, y menos
mal, porque seguramente me hubiera quedado en mi habitación, bueno si es que se
le puede llamar eso, cosiendo. El trozo de tela que habÃa conseguido salvar
estaba en mi mano y lo apretaba con fuerza.
−‘’Tres
minutos para el cierre de puertas’’.
Anunciaron
por un megáfono y todos comenzaron a darse más prisa. Alguien pasó por mi lado
empujándome y pegué un pequeño brinco en el sitio del susto.
−¡Eh!−Gritó
Haymitch.
Por
suerte ya habÃamos llegado al bunker. Miraba hacÃa todos los lados, encontrando
miles de caras asustadas y muertas de miedo, seguramente yo tendrÃa la misma, y
ni un poco de maquillaje del bueno encima para que no se me notara. Haymitch
seguÃa guiándome entre el laberinto de camas hasta que encontró una litera
libre y me sentó en la de abajo.
−Quédate
aquÃ, no te muevas. Iré a buscar a Katniss y su familia y me aseguraré de que están
bien.
AsentÃ
mientras veÃa como desaparecÃa por dónde habÃamos venido y me quedé mirando ese
punto durante un rato. Me estaba colocando bien el turbante cuando todo comenzó
a temblar y a sacudirse en el sitio. Grité. Algunas piedrecitas caÃan del techo
junto a polvo y pegué tal salto en la cama que casi me doy con la litera de
arriba en la cabeza.
Todos
gritaban, y yo me hice un ovillo en la cama. Haymitch habÃa desaparecido, ¿y si
Katniss no habÃa conseguido llegar? ¿Y si se habÃa quedado buscando a Prim? Oh
por favor no. Nunca se lo perdonarÃa, y entonces no conseguirÃamos hacer las
propos y Beetee no podrÃa meterse en la
red del Capitolio y…
Haymitch
apareció por la esquina de una de las literas y solté un suspiro. Menos mal.
Pero poco me duró el alivio cuando vuelven a atacarnos y todo tembló de nuevo.
Al verle, mi labio inferior tembló también e intenté no volver a llorar.
−¿Están…?
Haymitch
asiente y se sienta a mi lado.
−Están
todos bien. Prim habÃa ido a por el gato y Katniss lo adivinó, subió a buscarla
pero por suerte Gale se adelantó y bajaba con ella. Casi no les da tiempo
a…−otro ataque− entrar, pero lo han conseguido.
AsentÃ
al escucharle y aparté la mirada para parpadear unas cuantas veces e intentar
no llorar. No podÃa seguir llorando o luego se me quedarÃan los ojos hinchados.
Y si ya tenÃa poco maquillaje aquà en el 13, tener los ojos hinchados no
entraba dentro de mis prioridades. Por suerte ahora no tenÃa esas pestañas tan
largas que usaba antes y eso de parpadear se hacÃa mucho más fácil.
En
un silencio absoluto, solo se escuchaba como nos bombardeaban una y otra vez.
Cansada, habÃa dejado mi cabeza reposar sobre el hombro de Haymitch y él me
rodeaba los hombros con un brazo. Estaba concentrada en acariciar el trozo de
tela que habÃa rescatado y eso en parte me tranquilizaba.
De
vez en cuando se escuchaba algún que otro grito, un par de veces nos golpearon
más fuerte ya que se pudo ver como la gravilla y el polvo caÃa del techo. Pero
por suerte paró, sin nadie esperárselo. Y tampoco sin creerlo, ya que estábamos
todos tensos, y yo la primera, a espera de que volvieran a atacar.
Aún
seguÃa asustada y si a eso se le sumaba el cansancio del miedo, todos hablando
entre murmullos y a algunos inspeccionando los daños causados, era imposible
conciliar un poco de sueño.
−Háblame
de tu familia, nunca me has hablado de ella.
−¿Qué?−Me
incorporé para mirar a Haymitch con el ceño fruncido y asintió a la espera de
que hablara.−Pues… Mi madre tiene una tienda de ropa, bueno, tenÃa supongo.
Desde siempre la tuvo, estaba acostumbrada desde pequeña a revolotear entre
telas, a mirar sus bocetos, a verla confeccionar… Y supongo que aparte de que
salà a ella, ver todo ese mundo me fascinó.
Haymitch
ahogó una risa y yo continué.
−Mi
hermana tenÃa una tienda de pelucas, era una de las más famosas en el
Capitolio, casi todos iban allÃ. TenÃa miles de encargos y yo cuando podÃa le
ayudaba, aunque claro, yo siempre estaba la primera en la lista para las
pelucas nuevas−sonreà al recordarlo porque se quejaba de eso−. Se llamaba
Acacia, en realidad éramos muy distintas, era más pequeña que yo…
Sin
darme cuenta, el tono de mi voz descendió y sin previo aviso una lágrima
recorrió mi mejilla. Haymitch levantó la mano para limpiármela y yo aparté
corriendo la mirada.
−Estaba
a punto de casarse, llevaba años preparando su boda de ensueño, yo iba a ser la
madrina y…
Cojo
aire para echarlo y me zafé de su brazo para quedar sentada al borde de la
cama. No pensaba que iba a llegar a ese punto ¡y mucho menos a llorar delante
de Haymitch, por favor!
Respiré
hondo un par de veces seguidas para que se me pasase el sofocón. No necesitaba
preguntarle por la suya, ya que todo Panem la habÃa conocido tras su victoria,
y sabÃa que no me iba a hablar de ella. La habÃa perdido hace mucho tiempo y
eso lo ponÃa de mal humor, y sin una botella en la mano nadie lo solucionarÃa.
Por
suerte la gente estaba consiguiendo quedarse dormida, y yo también querÃa
hacerlo. Volvà a echarme hacÃa detrás y rápidamente le di un beso en la mejilla
a Haymitch.
−Gracias
por sacarme del Capitolio.
Y
sin tiempo a que me dijese algo, me eché sobre sus piernas y cerré los ojos,
quedándome dormida al instante.
Princesa en apuros
Impresionante, lo sé, estoy aquÃ. Total a lo que voy, si veis la serie The Royals esta es la escena que tendrÃa que haber pasado ya que lo que pasó en realidad fue totalmente horrible e hizo daño a mi patata. Y si la estáis viendo o aún no habéis visto el capitulo de la semana, no sigáis leyendo. Mientras tanto... ¡A leer y comentar! Besitos de baya.
Estaba
recibiendo golpes por todos los lados, habÃa parado de bailar de repente en
mitad de la multitud, y ahora me encontraba quieta entre cientos de personas
sin saber qué hacer.
Me
habÃa dado cuenta de que el dolor que sentÃa interiormente no se iba a arreglar
estando en la discoteca ni bailando e intentando ser feliz. Quizás si se
arreglara metiéndome un par de rayas o fumando algo, pero sin duda no lo harÃa
aquÃ. Y menos aún parada, asà que lo que mejor podÃa hacer era irme e intentar
alguna de esas dos opciones.
Giré
para marcharme pero no me dio tiempo ni a dar un solo paso, cuando me encontré
a Jasper. ¿Era un espejismo o estaba realmente aquÃ? Cierto, que me acosaba. CogÃ
aire para echarlo y me quedé mirándolo. Nuestras miradas estaban fijas en el
otro y ninguno de los dos hacÃa el amago de moverse. Vigilando al otro para ver
quién finalmente reaccionaba.
Enfadada
porque también hubiera venido aquà a espiarme, me mordà el labio inferior y di
una patada en el sitio, era inútil quedarse ahÃ, sobre todo porque terminarÃa por
alguien tirara en el suelo entre tanto baile. Asà que decidida fui a él para
gritarle, pero cuando llegué a dónde se encontraba, me paré a centÃmetros y le
miré fijamente a los ojos.
Miles
de cosas me pasaban por la cabeza y querÃa gritarle todas, pero me limité a
dejarme caer sobre él y abrazarle por el cuello, hundiendo mi cara en su pecho
e inspirando su olor, el cual echaba de menos todas las mañanas. Era un
absoluto idiota por perseguirme a todas partes y no hacer nada, tan solo
quedarse ahà parado observándome. Yo también era demasiado cabezota como para
admitir lo que sentÃa, pero ahora mismo lo necesitaba demasiado como para
dejarlo escapar.
Noté
como sus dedos rozaban mi piel desnuda y
un escalofrÃo me recorrÃa por toda la espalda, ya que la camiseta por detrás
estaba descubierta. Me apretó un poco contra él y nos quedamos asà mientras la
gente alrededor bailaba y la música seguÃa sonando.
No
sé cuánto tiempo estuvimos asà pero finalmente Jasper me separó y me miró antes
de hablar.
−Te
sacaré de aquÃ. Vamos.
Le
cogà de la mano y colocándome detrás de él, se abrió paso entre la multitud
para salir de la discoteca.
Café
Hola hola, ¿dos dÃas seguidos? ¿Esto es verdad? Bah no me lo creo ni yo. Bueno, no voy a enrollarme mucho aquà que aunque me gusta no quiero. Solo decir que los dos caps que lleva ouat me están dejando trastornadita perdida y esto... es el resultado de la histeria al verlo. Asà que podéis comentar que os parece, ¿es un trato justo no? Yo escribo, vosotros leéis, y me dais vuestra opinión. Sep, me parece justo. ¡Besitos de baya!
Este
pueblo es especialmente aburrido si no hay una salvadora en él, ayudando a cada
mÃsero habitante que se encuentra por cada esquina. Especialmente aburrido.
No
hay nada que hacer, o se llevan todo el dÃa en Granny’s discutiendo como poder
salvarme. ‘’Oh pobre Emma, ahora es la oscura. Tenemos que hacer algo para que
vuelva a ser como era’’. O un ‘’Hay que acabar con la oscuridad dentro de ella,
sé de lo que era capaz, de la luz y fuerza que poseÃa, tenemos que
recuperarla’’. Estoy cansada de escuchar lo mismo una y otra vez, ¿no pueden
aceptar que soy ahora la oscura? ¿Qué me gusta este poder? ¿Qué me llama poco a
poco y recorre mis venas ansiando cada vez más? ¿Qué disfruto siendo poderosa y
oscura? ¿Qué la sonrisa que muestro cuando aplasto un corazón es de
satisfacción y de orgullo a mà misma?
Mirad
en lo que me he convertido, me costó cuatro años conseguir ser la ‘buena
salvadora’, y ahora, en tan solo unas seis semanas soy aún más poderosa. Puedo
hacer muchas cosas más y salirme siempre con la mÃa. Cierto es que a lo mejor
aún me faltan por perfeccionar un par de cosas, y que Rumple me ayudará con
ello siendo mi fiel Pepito Grillo.
Pero
nadie sabe el poder que siento al tener un corazón en la palma de mi mano. Al
notar cada latido, cada segundo que se acerca más a la muerte. Puedo notar la
respiración de esa persona cada vez más y más lenta. Escupiendo lo último que
le queda de vida. Y yo acabando con ella.
No
entienden eso, y ese poder que siento y tengo es único. No sé cómo Regina dejo
atrás esa vida. Ahora entiendo el placer que le producÃa arrancar corazones y
destruirlos hasta que se convirtieran en polvo. Pero si me hago más amiga de
ella, si cae en mis redes, estoy segura de que puedo hacer que vuelva a esa
oscuridad, al fin y al cabo sigue dentro de ella. Nunca se ha ido y será más
fácil de lo que me imagino. Juntas podemos acabar con las tonterÃas de este
pueblo, pero ahora, necesito otro tipo de diversión. Algo que… me plazca en
estos momentos.
Sin
entretenerme mucho más o terminarÃa arrancándome mi propio corazón, con una
floritura de mano, hago aparecer una nube morada. Cuando el humo se disipa
puedo ver a Hook con el ceño fruncido mirándome. Muestro una sonrisa de lado y
me levanto de la silla lentamente. Me llevo mi tiempo en alisarme el vestido
negro que me llega hasta las rodillas, y me paso un par de veces más las manos
por las caderas para resaltar estas. Y en efecto, veo el resultado que ha tenido
en su cara, ha movido un milÃmetro la ceja, pero lo suficiente para que lo haya
notado.
−El
pirata que yo estaba buscando…
Voy
hacia una bandeja que hay sobre el mueble y sirvo dos copas de ron hasta la
mitad. Con el dedo apunto a una y hago que levite, me giro lentamente haciendo
que la copa me siga y se lo lanzo con un rápido movimiento a Killian, la copa
se para justo delante de él sin salpicar ni una sola gota.
−Por
favor, no seas tÃmido y sÃrvete- alzo las cejas divertida, acompañada de una
sonrisa y agarro mi copa. Comienzo a hablar de nuevo mientras camino hacia él.−
Verás, he supuesto que estarás cansado de ir de un lado a otro de la
biblioteca, mirando cientos de libros para encontrar una solución a… ¡mi!
Suelto
una pequeña carcajada y con otro movimiento de mano hago que se lleve la copa a
los labios, no le queda otra que dale un buen sorbo de esta. Suspiro al ver que
tiene el ceño fruncido y le paso la mano por la cara con una simple acaricia,
notando su barba que me cosquillea en los dedos.
−No
te pongas asà querido, sabes que prefieres eso a la leche de cabra. Y nunca
dices que no a una buena copa, y tampoco puedes rechazar el ofrecimiento de una
señorita− ladeo la cabeza poniéndole ojos de cordero degollado y finalmente le
doy un buen trago a la mÃa.
Sé
que está molesto por lo que estoy haciendo, pero en esta batalla él también
terminará ganando y luego tendrá que agradecérmelo.
−Volviendo
a lo que estábamos…
Me
acerco a él para pasar una mano por su chaqueta de cuero, estoy tan pegada a
él, que puedo notar su respiración algo entrecortada en mi frente. Mi mano pasa
bajo la chaqueta, rozando su camisa con los dedos, notando todo su torso tenso
bajo esta. Voy elevando esta hasta donde comienzan los botones desabrochados y
la paso por su piel desnuda, dejándola finalmente ahÃ.
−Swan…
Alzo
el rostro para mirarle a los ojos y abro los mÃos de una forma exagerada
parpadeando un par de veces.
−Vaya,
es la primera palabra que dices, ¿te ha costado un poco, no crees?
Elevo
mi cara y bajo la mirada a sus labios, veo como tiene la mandÃbula tensa. Me paso
la lengua por el labio inferior para terminar mordiéndolo. Una pequeña risa se
forma en mi garganta al escuchar cómo ha intentado ahogar un gruñido. Esto va a
ser divertido.
Doy
un paso atrás y con un par de buenos tragos me termino mi copa, la hago desaparecer
y dirijo mis ojos a la mano de Hook, señalando la suya. Se la lleva a la boca
para terminársela, es como si se lo hubiera ordenado mentalmente, pero esta vez
no ha hecho falta ningún hechizo para que lo hiciera.
Me
acerco de nuevo mientras sigue bebiendo
y rozo el garfio con mis dedos, con un pequeño movimiento me pego más a él y es
entonces cuando oigo el sonido del vaso contra el suelo haciéndose añicos.
No
me da tiempo a reaccionar cuando noto su mano alrededor de mi cintura,
cogiéndome con fuerza y haciendo que retroceda hacÃa la mesa. Sus labios están
enredados con los mÃos, siguiendo una danza más que conocida y más que deseada.
Mi
trasero se choca finalmente con la mesa y me siento sobre ella en un segundo.
La mano de Killian va hacia mi peinado trenzado y no sé cómo se las ha apañado
para encontrar todas las horquillas meramente necesarias para que este quede
suelto. Puedo oÃr el ‘tin’ que hacen con la mesa al caer y me separo un segundo
de él para mover la cabeza hacia los lados para dejar la melena al aire.
En
ese segundo que le he mirado a los ojos, intuyo que esta vez voy a salirme con
la mÃa. He jugado con él a mi antojo, he ido paso a paso y por fin lo tengo en
mi red. Estoy segura que esta vez no se va a escapar. Pego un grito cuando percibo
su mano tirar de la raÃz de mi cabello haciendo que eche la cabeza hacia atrás.
Es entonces cuando noto su boca recorrer mi garganta, dejando besos en un sitio
y otro, descendiendo hacÃa mi pronunciado escote. Suerte que esta mañana habÃa
elegido un vestido que tuviera.
Llevo
mis manos hacÃa su cuello, termino pasándolo por su chaqueta para quitársela y
gruñe cuando tiene que separarse para hacerlo. La tiro al suelo y abro mis
piernas para enredar su cintura con estas. A causa de eso, el vestido se me levanta
por ambos lados de las piernas, pero creo que es algo que no molesta a ninguno
de los dos.
Sin
querer clavo uno de mis tacones en su pierna, y con un par de movimientos me
deshago de ellos. Por culpa de su mano echo de nuevo la cabeza hacia atrás,
exhalando un suspiro. Por el rabillo del ojo, veo como clava el garfio en la
madera de la mesa, arañando esta mientras lo mueve hacia abajo una y otra vez.
−Ki…
Killian…
Me
callo al notar que muerde el lóbulo de mi oreja y tengo que cerrar los ojos y
encoger el cuello para que pare. Es él ahora el que me mira de una forma
desafiante y a la vez divertida. Es entones, cuando aprieto mis piernas
alrededor de él, haciendo que nuestras caderas queden pegada la una a la otra,
notando su verdadero garfio.
Le
tiro del cuello de la camisa, la cual iba a desaparecer de un momento a otro y
le beso. A ambos nos falta ya la respiración, él no deja de separarse casi todo
el rato, mirándome todo el tiempo, veo en sus ojos un atisbo de duda, que se
esfuma rápidamente cuando su mirada se posa en mis labios. Le atraigo de nuevo
y paso la lengua por el cielo de su boca, escucho el pequeño gemido que sale de
su garganta antes de atrapar mis labios de nuevo.
Aprieto
un poco más las piernas alrededor de su cintura, mis dedos vuelan a los pocos
botones que tiene abrochado, intentando quitar el primero, pero al ver que me
va a llevar demasiado tiempo, de un solo tirón arranco el resto.
A
la vez que cae la camisa al suelo, nos envuelvo en una nube morada haciéndonos
desaparecer de allà para ir a mostrarle mi habitación, es la única parte de la
casa que no ha visitado a fondo.
Estrella fugaz
Hola hola, traigo algo asà corto y rápido. Os pongo en situación: Victoire Weasley viuda de Teddy, con una hija y embarazada. ¿Habéis visto cuando he dicho rapidez? Pim pam pum. Pues ea, hasta otro dÃa, si, asà estoy porque no sé cuanto tiempo ha pasado ni va a volver a pasar. *Desaparezco en una nube de humo morada* ¡Besitos de bayas!
−Toma mami.
−Gracias cariño− digo a
la vez que me giro para coger su plato y dejarlo en el fregadero.
Al
parecer, se está tomando muy en serio eso que le dijeron mis padres de que
fuera una niña mayor y me ayudara con todo. Y lo está haciendo muy bien también.
Paso
el paño por la mesa, estas pequeñas cosas hacen que vuelva a la realidad poco a
poco, una vez que he quitado todo lo que quedaba de la cena, voy hacÃa la
entrada y cojo una manta que hay en la alacena.
−Ven
cariño, quiero enseñarte una cosa.
Brigitte
se baja del sofá, ya está eligiendo los cuentos que le tocan esta noche y finalmente
viene hacÃa mÃ. Le cojo de la mano y abro la puerta para ir al porche.
Nada
más salir, dejo caer la manta sobre sus hombros y la cojo en brazos para ir
hacia el columpio, como de costumbre está descalza y por esta noche me he
rendido ya para que se pusiera aunque fuera unos calcetines. La siento sobre
mis piernas de una forma que la barriga no sea un obstáculo entre las dos y
paso mis dedos a través de su cabello.
−¿Ves
todas esas estrellas, cariño?
Señalo
al cielo, este está inundado de miles de puntos pequeños que brillan. Aquà en
la playa no hay contaminación ninguna y se puede ver todas las estrellas a la
perfección.
Brigitte
asiente y dejo un beso en su mejilla, envuelvo sus piececitos con la manta y
cojo su mano para señalar al cielo.
−¿Ves
esa estrella que hay taaaaan grande? ¿La que brilla con más fuerza?
Sus
ojos celestes pasan del cielo a mà y tras unos segundos mirándome asiente antes
de volver a mirar a la estrella que le señalo.
Acerco
mi cabeza a su oreja y apoyando mi barbilla muy suavemente con su hombro,
susurro.
−Pues
ahà arriba está papá. Y quiero que recuerdes lo mucho que te quiere, ¿me lo
prometes?
Suelto
su mano para mostrar mi meñique y ella enreda el suyo con el mÃo.
−SÃ,
mami.
Parpadeo
varias veces seguidas, no pienso dejar caer una lágrima frente a mi hija. No
ahora que intento que todo vuelva a la normalidad. Termino de acercar mi cara a
la suya, y envuelvo su cuerpo con mis brazos para llenarle la cara de besos.
Brigitte rompe a reÃr e intenta separarse.
−¡Para
mami, para! Vamosh a la cama y a leeh un cuento.
SonrÃo
asintiendo a la vez y me levanto con ella acostada en mis brazos, por mucho que
me pese no me queda otra, no pienso hacer que vuelva descalza, la próxima vez
pienso pegarle los calcetines con un hechizo. Volvemos dentro y nuestras voces
se pierden por la escalera preparando lo que vamos a desayunar mañana.
Un poco de algo
Vale, vale, si ha pasado algo de tiempo pero... ¿seguimos casi de vacaciones no? Y bueno últimamente no estoy escribiendo mucho, por no decir nada y claro... Pienso algún dÃa de estos subir el desfile que hice para el rol de ljdh pero por ahora voy a dejar esto de un rol de HP en el que estoy. Para que os hagáis un poco la idea es Victoire Weasley un poco mayor casado y con un hijo y medio y bueno que no os voy a contar más, que leáis y punto. Besitos de bayas.
Noto como una mano me acaricia la tripa por encima de las sábanas, sonrÃo con los ojos cerrados mientras me retuerzo un poco enredada en ellas y cuando me giro, al abrir los ojos, despierto. La sonrisa se me borra del rostro y echo aire por la nariz lentamente.
Miro el hueco vacÃo que hay junto a mÃ, pasando la mano por las sábanas. Es mejor que me levante antes de que empiece a llorar otra vez. Que eso era lo único que hacÃa estos últimos dÃas, eso y zamparme una tarta entera de chocolate que habÃa hecho. La pobre Brigitte se quejó diciendo que solo habÃa probado tres trozos de todo lo que habÃa, y llevaba razón, no podÃa negárselo. Pero su hermano requerÃa el resto de la tarta y yo tenÃa que proporcionárselo.
Me levanto de la cama y enfundo mis pies en las zapatillas grises, a juego con la fina bata que me pongo. Por las mañanas siempre hacÃa algo de fresco y se agradecÃa que un poco de aire entrara por las ventanas.
Ya en la cocina, pongo a preparar todo lo que hacÃa falta para hacer galletas con trocitos de chocolate. Aún era temprano y faltaba para que Brigitte se despertara, asà que me daba tiempo y era algo en lo que podÃa mantenerme ocupada.
Una vez que las galletas ya están en el horno terminándose de hacer, preparo un té de hierbas. Con un movimiento de varitas hago que los platos y utensilios comiencen a fregarse solos. Me siento en una silla mientras el té se termina de hacer y estiro los pies en otra. Me habÃa dejado agotada hacer el desayuno, pronto no podrÃa llegar con las manos a la encimera en condiciones, porque la tripa me lo impedirÃa.
Una vez que el té está listo, añado tres cucharaditas de azúcar y voy hacÃa la puerta para sentarme en los escalones del porche trasero, que daban justo a la playa. La taza humea entre mis manos y el poco viento que corre hace que algunos mechones bailen por mi cara y otros se coloquen en mi espalda.
Me encanta oÃr el romper de las olas, y eso era una de las cosas que más habÃa echado de menos mientras vivÃa en Francia. Allà todo era ruido y muy iluminado. Cierto es, que me encanta también Paris, pero no hay nada como estar en casa.
Doy un pequeño sorbo al té y sonrÃo con los labios pegados a la taza, adoro el té tan dulce, y tiene la temperatura perfecta. Con un suspiro, la aparto de mi boca y ladeo la cabeza mirando al agua. Lo echo de menos, lo echo tanto de menos… Y lo más preocupante es que no habÃa recibido ninguna lechuza. Cada semana me escribÃa, pero ya habÃan pasado dos… y nada. Tampoco quiero alarmarme, pero… ¿Y si le habÃa pasado algo?
Una lágrima cae por mi mejilla y cierro los ojos con la intención de llorar un poco más, hasta que una voz me interrumpe.
−¿Mami?
Me limpio corriendo con el puño de la bata y me giro sonriendo para ver a mi pequeña.
−Hola preciosa… Buenos dÃas, ¿has dormido bien?
Brigitte se acerca de puntillas y le miro los pies descalzos, entrecierro los ojos un segundo mirándola y se rÃe al saber que la he pillado. Asiente a mi pregunta y rodeo su cuerpecito con mi brazo.
−¿Quieres desayunar?−Me inclino sobre ella para susurrarle, mientras le doy con mi nariz en la suya, que la tenÃa llena de pecas como su tÃa−Hay galletas calentitas dentro del horno.
Se lleva una mano a la boca para tapársela mientras se rÃe y me levanto con un poco de esfuerzo cogiéndole de la mano. Doy antes otro trago al té mientras tiro de ella.
−Vamos cariño. Antes de que cojas frÃo.
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